Agosto 2018

ECTOÍNA

Una herramienta contra el envejecimiento. 

La ectoína es un ingrediente que se encuentra en bacterias halófilas, que tienden a hallarse en desiertos de sal, lagos salinos y agua de mar. Proliferan en ambientes secos, con una alta concentración de sal y gran exposición a la radiación ultravioleta. Si bien la ectoína fue identificada en el microorganismo Ectothiorhodospira halochloris, desde su descubrimiento también apareció en las especies Marinococcus halophilus, Pseudomonas stutzeri y Halomonas elongata. Es un soluto compatible, que compensa la presión osmótica en la bacteria; posibilita la supervivencia del microorganismo en ambientes extremos; lo protege ante la deshidratación, la radiación ultravioleta y las altas temperaturas; y estabiliza los biopolímeros como las proteínas, el ácido nucleico y las membranas. Estas funciones, que cumple en las bacterias, son las que también desempeña cuando se la aprovecha con fines cosméticos.

 

Son muchos los factores que afectan la salud de la piel. La radiación ultravioleta, obviamente, es un peligro constante, especialmente cuando uno no toma los recaudos necesarios y no usa fotoprotectores. Un ambiente seco y caluroso también es perjudicial. Por otro lado, cuando la piel es dañada, se acelera el proceso de Trans-Epidermal Water Loss (pérdida de agua trans-epidérmica), o TEWL, que mide la cantidad de agua en el cuerpo que se pierde en la atmósfera a través de la difusión o evaporación.

Predeciblemente, cuando la piel se encuentra deshidratada, los niveles de TEWL tienden a ser muy altos.

La ectoína protege la piel contra estos factores externos e internos al salvaguardar las células de Langerhans, que operan como mediadoras entre la piel y el sistema nervioso: controlan el sistema inmunitario de la piel, la fortalecen y regulan su defensa. Las células de Langerhans se ubican en la epidermis, entrelazadas entre los queratinocitos. Para comprobar la efectividad de la ectoína, se realizaron experimentos: primero, se reconoció la presencia de las células de Langerhans, y luego se aplicó radiación ultravioleta a piel sin tratar, tratada con un placebo y tratada con ectoína. Los resultados fueron convincentes: tanto en la piel sin tratar como en la tratada con un placebo, la cantidad de células de Langerhans se redujo sustancialmente, como comprueban los registros fotográficos. Solamente en la piel tratada con ectoína, el número de células permaneció estable. Los estudios demostraron, entonces, cómo este ingrediente previene la destrucción de las células de Langerhans por la radiación ultravioleta, lo que obviamente repercute en una piel más fuerte y sana, debido al rol que cumplen las células en cuestión.

Pero la ectoína tiene aún más funciones.

Por ejemplo, en situaciones de estrés –altas temperaturas, contacto con químicos, exposición a la radiación ultravioleta, entre otros posibles ejemplos– la piel produce determinados biopolímeros llamados proteínas de estrés o de heat shock (golpe de calor). Luego de un estudio, se comprobó que la piel tratada con ectoína acelera la producción de estas proteínas, lo que, dicho simplemente, significa que la piel está más capacitada para protegerse a sí misma, ya que su mecanismo autoinmune es más rápido y eficiente. En otra investigación, se midió el número de células de quemadura de sol –las cuales se forman tras una excesiva exposición a la radiación ultravioleta– que surgieron en pieles tratadas con un placebo y con ectoína, y sólo en estos segundos casos se notó una reducción en la producción de dichas células.

En esta nota, presentamos un ingrediente que protege contra el fotodaño y otros factores que son perjudiciales para la piel, como las altas temperaturas y la deshidratación.

Se encuentra en bacterias y puede incorporarse a una amplia gama de productos cosméticos, como cremas y lociones.

La ectoína ofrece protección contra los rayos ultravioletas, las altas temperaturas, las sustancias químicas, la deshidratación, las bacterias y los virus, entre otros factores de daño epidérmico.

 

 

 

 

 

Finalmente, la ectoína también sirve para defender a las membranas celulares ante la influencia de tensoactivos (o surfactantes, según un anglicismo de uso común).

Resumiendo, la ectoína ofrece protección contra los rayos ultravioletas, las altas temperaturas, las sustancias químicas, la deshidratación, las bacterias y los virus, entre otros factores de daño epidérmico.

Se trata de una tecnología patentada, natural y de gran pureza, que es aceptada en todos los mercados del mundo, incluso los de Europa y Estados Unidos, que son los más regulados.

Es soluble en agua, glicerina y propilenglicol.

Puede incorporarse fácilmente a cremas, lociones e hidrogeles, y es compatible con otras sustancias cosméticas. La concentración recomendada es entre 0,5 por ciento y 2 por ciento.

Puede usarse en productos de protección solar. No produce irritación ni sensibilidad en la piel o en los ojos.

 

  • Mejora el efecto barrera de la piel
  • Forma una pantalla de hidratación en torno a las células y les permite así mantener el índice de humedad necesario, lo que evita la deshidratación.
  • Su utilización debe estar asociada a otras medidas de fotoprotección.
  • La aplicación de ectoína al 1 por ciento durante 12 días aumenta la hidratación hasta un 200 por ciento. El efecto se mantiene hasta 7 días después de interrumpir la aplicación.