Octubre 2018

FOSFATIDILCOLINA: LA IMPORTANCIA DE SU PROCEDENCIA

Remodelar el contorno corporal.

La fosfatidilcolina es un nutriente muy usado en estética, gracias a su probada eficacia en la eliminación de depósitos de adiposidad localizada.

Sin embargo, la única manera de que el paciente obtenga resultados buenos y seguros es con el debido conocimiento de su médico especialista en estética acerca tanto de los mecanismos de acción y técnicas de aplicación, como de la procedencia del producto. Para el profesional, es fundamental contar con las herramientas necesarias para ejercer su profesión sin riesgos.

 

Esta sustancia es un fosfolípido de membrana (el más importante de los mamíferos), que forma parte de las lipoproteínas y es el componente mayoritario de las membranas celulares. Activa la enzima lecitina-colesterol aciltransferasa; interviene en la estructuración e integridad de membranas y organelas, así como en el transporte celular; y regula la homeostasis lipídica, aumentando el transporte reverso del colesterol, activando las lipasas e inhibiendo la acumulación de colesterol en los tejidos.

La fosfolipasa D hidroliza la fosfatidilcolina y genera así ácido fosfatídico (apolar) y colina (polar). El ácido fosfatídico interviene en la activación de la vía lipolítica (relativa a la transformación de lípidos en ácidos grasos y glicerol) responsable de la reducción de la adiposidad localizada.

La fosfatidilcolina está especialmente indicada para la profilaxis y el tratamiento de la embolia grasa del paciente politraumatizado.

Dado su carácter anfipático, penetra en el adipocito. En el citoplasma, la hidrólisis de la fosfatidilcolina por la fosfolipasa D genera ácido fosfatídico, que llevaría a la activación de la proteincinasa C (PKC). Esta última activa la translocación de la lipasa sensible a hormonas (LSH), desde el citoplasma del adipocito hasta la vacuola que contiene los triglicéridos. Así, la LSH hidroliza los triglicéridos en ácidos grasos y glicerol, que serán posteriormente utilizados en otras vías metabólicas o eliminados en pequeñas cantidades por el sistema urinario.

A su vez, esta sustancia genera la activación de receptores específicos de membrana y la destrucción de los adipocitos. Este último proceso se desencadena por la activación de la vía de la inflamación (fosfolipasa D o factor de necrosis tumoral alfa, [TNF-α]), o por una acción irritante directa de la fosfatidilcolina sobre los

adipocitos.

 

El tratamiento con fosfatidilcolina tiene algunas contraindicaciones absolutas: niños, embarazadas, lactantes y diabéticos con microangiopatía. Las contraindicaciones relativas son las enfermedades renales, reumáticas (especialmente colagenosis y síndrome de anticuerpos antifosfolípidos) y crónicas, la obesidad androide, la resistencia insulínica (incluido el síndrome de ovarios poliquísticos) y enfermedades infecciosas crónicas.

 

Las evaluaciones se efectuaron en seis pacientes, cuya obesidad se localizaba en áreas distintas: dos en la región trocantérea, otro en flancos, otro en brazos y dos más en abdomen.

Se emplearon dos tipos de ampolla de fosfatidilcolina, una de procedencia extranjera (tipo A) y otra elaborada como fórmula magistral por una prestigiosa farmacia de la Ciudad de Buenos Aires (tipo B).

Cada paciente fue tratado con 5 centímetros cúbicos de fosfatidilcolina: 2,5 de la tipo A en una hemirregión, y 2,5 de la tipo B en la otra. Se hizo una sesión cada siete días durante seis semanas. La técnica de aplicación fue hipodérmica.

 

Antes y después del tratamiento, se les realizó a los pacientes un registro iconográfico y una ecografía del panículo adiposo, además de medírseles la zona a tratar.

La fosfatidilcolina es un nutriente muy usado en estética, gracias a su probada eficacia en la eliminación de depósitos de adiposidad localizada. Sin embargo, es fundamental elegir correctamente el laboratorio que lo produce a fin de emplearlo con seguridad y obtener los mejores resultados.

 

 

 

 

 

 

 

Con la ampolla A (procedente de un laboratorio extranjero), se logró sólo el 55 por ciento de los resultados obtenidos con la ampolla B. Por ello, se concluye que, al utilizar el mismo principio activo en un mismo paciente con la misma técnica, se pueden obtener resultados significativamente diferentes si no se efectúa una selección correcta respecto a la calidad, seguridad y garantía otorgadas por el laboratorio que prepara los productos aplicados y/o indicados a los pacientes.



Septiembre 2018

El zinc en la nutrición

Un mineral esencial.

El zinc es un elemento químico natural presente en todos los animales y plantas.

Este mineral juega un rol clave en la salud del cuerpo humano: es esencial para la síntesis de las proteínas y ayuda a regular la producción de células en el sistema

inmunológico. También es fundamental para el crecimiento y la formación del ADN, y controla las enzimas que actúan y renuevan las células del organismo.

En 1963, el bioquímico indio Ananda Prasad descubrió su importancia al observar que los adolescentes y jóvenes que tenían anemia por deficiencia de hierro y retraso en el crecimiento y en la maduración sexual, respondían favorable y propiciamente ante la ingesta de suplementos de zinc.

En el ser humano, más de 300 enzimas lo requieren para funcionar bien, mientras que 3 mil de las 100 mil proteínas que participan en la vida humana lo incluyen. El cuerpo humano en su totalidad contiene de dos a tres gramos de zinc. Este se almacena principalmente en los músculos, pero también en los glóbulos rojos y blancos, en la retina del ojo, en los huesos, la piel, los riñones, el hígado y el páncreas. La dosis diaria requerida oscila entre los 2 y los 10 miligramos. Se puede incorporar con la ingesta de productos de mar, carnes, lácteos, frutos secos y cereales fortificados.

 

Entre sus múltiples propiedades, el zinc colabora con el correcto funcionamiento de la glándula prostática y el desarrollo de los órganos reproductivos, regula la actividad de las glándulas sebáceas (lo que previene el acné) y es un potente antioxidante natural, ya que forma parte de la enzima antioxidante superoxidodismutasa.

Asimismo, interviene en diversos procesos: la síntesis de proteínas, la de colágeno y el normal crecimiento y desarrollo durante el embarazo, la niñez y la adolescencia.

Otro papel fundamental lo cumple en el sistema inmunológico: intensifica su respuesta, promueve la cicatrización de heridas e interviene como respuesta frente al estrés. También protege el hígado, aumenta la absorción de vitamina A, y ayuda a mantener los sentidos del olfato, del gusto y de la vista.

 

Se puede tener deficiencia de zinc por diversas causas: una ingesta inadecuada, una pobre absorción, o bien su excesiva excreción, así como también un aumento de la dosis requerida por el cuerpo. Estas variables pueden responder a enfermedades como la cirrosis hepática, la diabetes, la insuficiencia renal o diarreas crónicas.

También el factor genético puede influir: en una enfermedad hereditaria infantil conocida como acrodermatitis enteropática, por ejemplo, el zinc de la dieta no se puede absorber adecuadamente. Incluso la transpiración excesiva o el consumo de aguas duras (que contienen un alto nivel de minerales, particularmente sales de magnesio y calcio) provocan pérdida de zinc.

Su deficiencia genera diversos problemas de salud: retraso en el crecimiento y alteraciones en la madurez sexual y la capacidad reproductiva, alteraciones óseas, debilidad y manchas blancas en las uñas, anorexia, depresión de la función inmune y ralentización en la cicatrización de heridas.

Su falta puede conllevar también enfermedades de la piel, como dermatitis y acné. Los sentidos también se ven afectados ante su deficiencia, lo cual puede manifestarse como ceguera nocturna o pérdida del gusto o el olfato.

La diarrea, la alopecia, la falta de apetito, la fatiga, el aumento del nivel de colesterol y los trastornos prostáticos son otros de los problemas a los que un organismo con insuficiente zinc se ve expuesto.

Esto se evita fácilmente siguiendo una dieta equilibrada en carnes, frutas, verduras, cereales y arroz. Sin embargo, la alimentación actual hace que el nivel de zinc en la mayoría de las personas sea insuficiente, de acuerdo a recientes investigaciones.

Determinados grupos pueden requerir refuerzos de este mineral para prevenir su deficiencia. Entre ellos, se encuentran las mujeres durante el embarazo y la lactancia, los niños, las personas desnutridas o malnutridas (anorexia nerviosa), quienes padecen diarrea crónica o síndrome de malabsorción (enfermedad celíaca, enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa), las personas que padecen alcoholismo, los pacientes sometidos a cirugía gastrointestinal, los vegetarianos y los ancianos.

 

Aunque muchos productos cuentan con el zinc entre sus componentes, el cuerpo humano lo absorbe mejor en unos que otros. Las mejores fuentes son las carnes magras rojas, el hígado y ciertos mariscos, sobre todo ostras.

¿Cómo hacen los vegetarianos, entonces? Para ellos, son fundamentales los lácteos, los porotos y las lentejas, la levadura, las nueces, las semillas y los cereales integrales. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ciertas técnicas de procesamiento de alimentos (el blanqueo de granos de arroz y cereales; la congelación o el enlatado de las frutas, verduras y hortalizas; la cocción excesiva) reducen la biodisponibilidad del zinc y, en consecuencia, su absorción. Por eso, se recomienda complementar la ingesta con el uso de suplementos alimentarios de este mineral

Aunque es clave para el crecimiento y la inmunidad del cuerpo, es ingerido de forma insuficiente en la dieta actual. En esta nota, dónde encontrarlo, cómo absorberlo mejor y qué sucede cuando falta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este mineral no sólo es usado por sus propiedades nutricionales. Sus beneficios para la salud van más allá de lo meramente alimentario: se ha utilizado en la piel como astringente, antiséptico, repelente de insectos y bloqueador solar, como bactericida en cosméticos de alta calidad, y hasta como tratamiento para el acné y para el herpes labial. Incluso ayuda a curar heridas, incisiones quirúrgicas, quemaduras e irritaciones.

Al ser un poderoso antiviral y astringente, también protege contra infecciones como la conjuntivitis, la neumonía y las causadas por hongos. La tos, el flujo nasal y la congestión también se alivian con zinc. Si se toman cápsulas de este mineral después del primer síntoma de resfrío, este puede reducir su duración y severidad en cerca de un 40 por ciento.

 

Cuando en 1979 un estudio de la Universidad de Kentucky (Estados Unidos) detectó que muchos anoréxicos internados sufrían una deficiencia extrema de zinc del 60 por ciento (y lo mismo ocurría con pacientes bulímicos, que carecían de él en un 40 por ciento), se descubrió que la pérdida del apetito debido a la reducción de la ingesta de zinc podía ser devastadora.

Ello se debe a que la deficiencia de este mineral reduce la sensación del gusto y contribuye a perder el apetito, lo que provoca comportamientos prolongados de pérdida de peso, disfunción mental y del sistema inmunológico, o incapacidad para combatir infecciones. También puede desencadenar alteraciones en el crecimiento y en las funciones cognitiva (del aprendizaje) y hormonal. Es por eso que el uso de suplementos de zinc puede ser muy útil tanto en personas que tienen falta de apetito como en las que padecen trastornos alimentarios.

 

Así como hay ciertos elementos que ayudan a que el zinc se absorba mejor, hay otros que dificultan este proceso. Uno de ellos es el hierro: los suplementos de altas dosis (mayores a 25 miligramos) pueden disminuir la absorción de zinc, no así el hierro proveniente de la dieta. Es por eso que se recomienda no emplear suplementos de hierro entre comidas para así disminuir su efecto negativo sobre el zinc.

El calcio en combinación con el ácido fítico también inhibe la absorción de zinc, ya que forma complejos insolubles para el intestino.

Los fitatos, que se pueden encontrar en granos integrales, maíz y arroz, se unen al zinc, por lo que bloquean su absorción. Sin embargo, actualmente ciertos alimentos son tratados en la industria de manera de que no contengan tantos fitatos y así mejore la absorción de zinc y hierro.

Los niveles tóxicos de cadmio también pueden inhibir la absorción de zinc. El mismo efecto negativo tiene la caseína (una proteína presente en la leche) y ciertos medicamentos, como antibióticos (tetraciclinas y quinolonas), anticonvulsionantes (valproato de sodio), diuréticos, anticonceptivos y corticoides.

Los factores que facilitan la absorción del zinc son las proteínas animales, los aminoácidos histidina (presente en la carne y otros productos de origen animal) y metionina (muy abundante en el maíz), y los ácidos orgánicos. Con respecto a estos últimos, un tip útil es agregar ácido cítrico a ciertas comidas para estimular la absorción del mineral.

 

Zinc y Cromo, micronutrientes que fortalecen el pelo

Un pelo sano no solo es cuestión de tratamientos cosméticos: es vital que reciba los nutrientes para crecer sano y fuerte, mediante la alimentación y productos especiales, de ser necesario. Los especialistas en medicina capilar, microtrasplantes y recuperación del pelo destacan el papel crítico que cumple, llevar una dieta apropiada, la hora de querer fortalecer el cabello. Para que la dieta sea adecuada y completa, tiene que existir equilibrio en los micronutrientes: vitaminas, minerales y electrolitos. Dentro de estos últimos son importantes el zinc y el cromo, ya que intervienen en varios procesos bioquímicos del organismo.

La deficiencia de zinc en la dieta puede originarse en la elección de una dieta hipocalórica, un déficit en absorción intestinal, la ingesta excesiva de bebidas alcohólicas, o el consumo de ciertos medicamentos como los diuréticos. Cuando los niveles de zinc en sangre son inferiores a los normales, esta puede ser la causa que una persona tenga su cabello seco y quebradizo, lo que acelera su caída precoz.

El déficit de cromo en la dieta, por otra parte, puede causar trastornos en el metabolismo de los glúcidos y las grasas, alterando los niveles de glucosa y colesterol sanguíneos.

Llama la atención que estas personas pueden sufrir una caída difusa y un aumento del nivel de azúcar en sangre, como los enfermos diabéticos.



Septiembre 2018

ACTiGYM™

Poderoso principio activo para remodelar la silueta.

La forma corporal cumple un rol clave en la autopercepción y la satisfacción personal. La práctica regular de ejercicio promueve el bienestar físico y emocional de muchas formas: una de ellas es ayudar a mantener una figura tonificada. El tono muscular declina con la edad y los niveles insuficientes de actividad física, lo que empeora la apariencia.

Es incuestionable que el ejercicio tiene muchos beneficios para la salud y mejora la calidad de vida. El entrenamiento regular reduce el riesgo de enfermedades, aumenta el metabolismo y ayuda a controlar el peso. Además, colabora con el tono muscular, la forma y la imagen en general.

El componente marino Actigym™ imita los efectos del ejercicio y así ayuda a tonificar y redefinir la silueta. Pero, para saber cómo funciona, primero hay que comprender cómo opera el entrenamiento en los diferentes tipos de fibras musculares.

 

Músculos y adipocitos

Los diferentes tipos de fibras musculares usadas según la actividad realizada reflejan sus distintas propiedades. Las fibras lentas (tipo I) tienen un color rojo característico debido a su alto contenido de mitocondrias y mioglobina (pigmento que transporta oxígeno), y usan principalmente el metabolismo aeróbico como fuente de energía.

En cambio, las fibras rápidas (tipo II) son típicamente blanquecinas, tienen menos mitocondrias y mioglobina y dependen más del metabolismo anaeróbico (en ausencia de oxígeno). El alto contenido de mitocondrias y el metabolismo aeróbico en las fibras musculares son los que contribuyen a una silueta más definida.

El tejido adiposo es el mayor reservorio de energía en el cuerpo. Cuando hay mayor ingesta de comida o menor gasto de calorías, la energía extra se deposita en los adipocitos en forma de triglicéridos dentro de las gotas lipídicas. Un triglicérido

consiste en tres ácidos grasos conectados por una molécula de glicerol. Los ejercicios de endurecimiento inducen a la movilización de los ácidos grados desde el tejido adiposo hacia el músculo esquelético.

Tradicionalmente, el tejido adiposo era considerado un mero órgano depositario de grasa. Pero es muy activo metabólicamente y puede sintetizar y liberar moléculas que influyen en otros tejidos. Por eso, los adipocitos producen y segregan múltiples proteínas con actividad biológica, conocidas como adipoquinas. La hormona adiponectina despedida por los adipocitos tras el ejercicio les indica a las células musculares esqueléticas que incrementen el metabolismo aeróbico.

El componente marino Actigym™ aumenta la liberación de adiponectina desde el tejido adiposo para modular indirectamente la función muscular, imitando los efectos de los ejercicios de endurecimiento de los músculos. La adiponectina inducida por el ingrediente activo hace que el músculo esquelético mejore el metabolismo de las fibras musculares de tipo I, lo que ayuda a lograr una silueta tonificada y redefinida.

 

Actigym™

Actigym™ es una sustancia extracelular de bajo peso molecular que contiene material peptídico y glucídico. Es producida por un microorganismo del bacillus sp asociado a la esponja marina que vive en las Islas Bermudas, situadas en el Océano Atlántico Norte.

Los microorganismos marinos son una inexplorada fuente de productos naturales. El bacillus sp produce una enorme cantidad de metabolitos.

Estos componentes versátiles y estructuralmente diversos exhiben una gran variedad de actividades biológicas. En consecuencia, es lógico esperar que una parte de esos componentes tengan diferentes efectos en la modulación de distintos caminos metabólicos en diversos sistemas biológicos.

Actigym™ mejora la segregación de adiponectina por adipocitos humanos, lo que le permite a esta hormona aumentar la actividad mitocondrial en fibras esqueléticas humanas, como quedó demostrado por el incremento registrado en estudios de la actividad de la enzima citrato sintasa (que regula la velocidad de beta oxidación de ácidos grasos) y la producción de adenosín trifosfato (un nucleótido esencial para la obtención de energía celular). Además, los niveles más altos de proteína miosina lenta en los músculos esqueléticos revelaron un aumento de las fibras musculares lentas. Adicionalmente, Actigym™ indujo a los adipocitos a regular los genes involucrados en la captación y síntesis de los lípidos.

La aplicación de Actigym™ permitió entonces redefinir la silueta, con incluso mejores resultados en personas que hacían ejercicio. El ingrediente activo redujo los pliegues abdominales así como el contorno del abdomen, muslos y brazos. Por otra parte, Actigym™ redujo el peso corporal total.

 

En pruebas de laboratorio, se evaluó la eficacia de Actigym™ para mejorar la secreción de adiponectina, esa hormona que les indica a las células musculares esqueléticas que deben aumentar el metabolismo aeróbico. Preadipocitos subcutáneos primarios fueron inducidos a madurar en adipocitos incubándolos en diferentes medios durante ocho días.

Durante la adipogénesis, las células fueron dejadas sin tratar (grupo de control), o bien fueron tratadas con 5 μg/ml de concentrado de Actigym™. A continuación, se cosecharon los sobrenadantes de cultivo (los componentes que aparecen por encima de un sedimento o precipitado asentado) y los niveles de adiponectina segregados por los adipocitos se cuantificaron con un Ensayo por Inmunoabsorción Ligado a Enzimas (ELISA). Los resultados del ensayo fueron normalizados respecto de la cantidad final de células en cada condición, lo cual fue evaluado por manchas de cristal violeta en las células.

La prueba reveló que Actigym™ incrementó significativamente los niveles de adiponectina producida por los adipocitos subcutáneos en un 68,3% respecto de los de control.

 

Este estudio sirvió también para evaluar en qué medida los mayores niveles de adiponectina inducidos por Actigym™ en los adipocitos se tradujeron en un aumento de la actividad metabólica mitocondrial en las fibras musculares esqueléticas.

 

Para ello, células musculares esqueléticas diferenciadoras fueron incubadas por 48 horas con sobrenadantes de adipocitos no tratados (control) y con sobrenadantes de adipocitos que habían sido tratados con el ingrediente activo (5 μg/ ml) y por lo tanto contenían mayores niveles de adiponectina. Luego del tratamiento, las células musculares esqueléticas se lisaron (sus membranas se rompieron y dejaron salir material intracelular) y se registró actividad de la citrato sintasa, detectada a través de una evaluación colorimétrica. El tratamiento con adipocitos sobrenadantes con altos niveles de adiponectina incrementó la actividad de la citrato sintasa y, por lo tanto, intensificó la función mitocondrial dentro de las células musculares, en un 47,9%.

Este componente encontrado en las aguas de las Islas Bermudas imita los efectos químicos del ejercicio físico. Así, ayuda a tonificar y redefinir la silueta de manera totalmente natural.

Pero, para saber cómo funciona, primero hay que comprender cómo opera el entrenamiento en los diferentes tipos de fibras musculares.

 

 

 

 

 

 

 

Para verificar la intensificación del metabolismo mitocondrial de las células musculares con adiponectina segregada desde los adipocitos, se cuantificó la producción de adenosín trifosfato, la principal molécula que intercambia la energía metabólica en todos los organismos vivos.

Las células musculares esqueléticas en los últimos días del proceso de diferenciación de la prueba fueron incubadas con sobrenadantes de adipocitos por 48 horas. Estos fueron tratados con 5 μg/ml de Actigym™ o se dejaron sin tratar (control) por ocho días.

Luego de la incubación, las células musculares esqueléticas se lisaron y la cantidad de adenosín trifosfato fue cuantificada. Los resultados fueron normalizados con una concentración total de proteína en cada condición, la cual fue evaluada con ácido bicinconínico colorimétrico (BCA, por su sigla en inglés).

El adipocito sobrenadante, rico en adiponectina gracias al tratamiento con Actigym™, aumentó en un 136 por ciento la producción de adenosín trifosfato en las células musculares esqueléticas, lo que revela una importante mejora en la función mitocondrial.

 

Los distintos tipos de fibras musculares contienen diferentes isomorfos de miosina, la proteína más abundante del músculo esquelético. La cadena pesada de miosina lenta (MYH7, por su sigla en inglés) se expresa en fibras musculares lentas (de tipo I).

En la prueba, se evaluó la eficacia de sobrenadantes de cultivos de adipocitos con alto nivel de adiponectina luego del tratamiento con Actigym™ para inducir un aumento en la expresión de la miosina en fibras de tipo I.

Las células musculares esqueléticas humanas en los últimos días del proceso de diferenciación fueron incubadas por 48 horas con los sobrenadantes derivados de adipocitos no tratados (control) y de adipocitos que fueron incubados con 5 μg/ml de Actigym™.

Niveles más altos de la miosina muscular de tipo I fueron inducidos por adipocitos sobrenadantes ricos en adiponectina luego del tratamiento con Actigym™.

 

Se efectuó un análisis del chip de ADN, en el que se observó que Actigym™ indujo cambios en los genes involucrados en el metabolismo de los lípidos en los adipocitos.

Preadipocitos subcutáneos primarios fueron incubados por ocho días en un medio de diferenciación (control), o bien con 14 μg/ml de Actigym™. Luego, las células fueron lisadas y el ARN fue purificado y su calidad, verificada.

Los resultados: Actigym™ reguló la expresión de genes involucrados en la captación de ácidos grasos y la síntesis de triglicéridos en adipocitos primarios.

 

La eficacia de Actigym™ in vitro se registró, en primer lugar, en la evaluación de la adiponectina segregada por los adipocitos. Los preadipocitos primarios fueron inducidos a diferenciación mientras eran tratados con 5 μg/ml de Actigym™.

Las células no tratadas fueron usadas como control negativo. Los niveles de adiponectina segregada por los adipocitos fueron cuantificados a través de un ensayo ELISA. Asimismo, la actividad de la citrato sintasa fue usada como indicador cuantitativo de la actividad mitocondrial inducida en células musculares esqueléticas humanas. Estas células fueron incubadas en algunos casos con sobrenadantes de adipocitos no tratados (control) y en otros con sobrenadantes con adipocitos previamente incubados con 5 μg/ml de Actigym™.

 

Unas 60 voluntarias de entre 35 y 50 años con estilos de vida sedentarios fueron divididas en tres grupos. Las del primero se aplicaron una crema con 5 por ciento de Actigym™ dos veces al día durante 56 días, sin realizar actividad física en ese período.

El segundo grupo cumplió un programa de ejercicios estándar con un personal trainer en un gimnasio, dos veces a la semana, y se aplicó una crema placebo. El tercer grupo se entrenó de la misma manera y usó una crema con 5 por ciento de Actigym™. Para evaluar la mejora del tono muscular, se analizaron diferentes parámetros y las voluntarias completaron un cuestionario de autoevaluación.

Luego de 56 días, el 52 por ciento de las mujeres tratadas con Actigym™ disminuyeron su contorno abdominal en 1,6 centímetro en promedio. Al mismo tiempo, el contorno de sus muslos se redujo 2,1 centímetros con Actigym™, y hasta 2,9 centímetros si las voluntarias lo habían combinado con ejercicio. Además, Actigym™ disminuyó el contorno de los brazos en 0,4 centímetro promedio en el 55 por ciento de las voluntarias luego de 28 días. En combinación con actividad física, el 40 por ciento redujo ese contorno en 0,7 centímetro.



Agosto 2018

ECTOÍNA

Una herramienta contra el envejecimiento. 

La ectoína es un ingrediente que se encuentra en bacterias halófilas, que tienden a hallarse en desiertos de sal, lagos salinos y agua de mar. Proliferan en ambientes secos, con una alta concentración de sal y gran exposición a la radiación ultravioleta. Si bien la ectoína fue identificada en el microorganismo Ectothiorhodospira halochloris, desde su descubrimiento también apareció en las especies Marinococcus halophilus, Pseudomonas stutzeri y Halomonas elongata. Es un soluto compatible, que compensa la presión osmótica en la bacteria; posibilita la supervivencia del microorganismo en ambientes extremos; lo protege ante la deshidratación, la radiación ultravioleta y las altas temperaturas; y estabiliza los biopolímeros como las proteínas, el ácido nucleico y las membranas. Estas funciones, que cumple en las bacterias, son las que también desempeña cuando se la aprovecha con fines cosméticos.

 

Son muchos los factores que afectan la salud de la piel. La radiación ultravioleta, obviamente, es un peligro constante, especialmente cuando uno no toma los recaudos necesarios y no usa fotoprotectores. Un ambiente seco y caluroso también es perjudicial. Por otro lado, cuando la piel es dañada, se acelera el proceso de Trans-Epidermal Water Loss (pérdida de agua trans-epidérmica), o TEWL, que mide la cantidad de agua en el cuerpo que se pierde en la atmósfera a través de la difusión o evaporación.

Predeciblemente, cuando la piel se encuentra deshidratada, los niveles de TEWL tienden a ser muy altos.

La ectoína protege la piel contra estos factores externos e internos al salvaguardar las células de Langerhans, que operan como mediadoras entre la piel y el sistema nervioso: controlan el sistema inmunitario de la piel, la fortalecen y regulan su defensa. Las células de Langerhans se ubican en la epidermis, entrelazadas entre los queratinocitos. Para comprobar la efectividad de la ectoína, se realizaron experimentos: primero, se reconoció la presencia de las células de Langerhans, y luego se aplicó radiación ultravioleta a piel sin tratar, tratada con un placebo y tratada con ectoína. Los resultados fueron convincentes: tanto en la piel sin tratar como en la tratada con un placebo, la cantidad de células de Langerhans se redujo sustancialmente, como comprueban los registros fotográficos. Solamente en la piel tratada con ectoína, el número de células permaneció estable. Los estudios demostraron, entonces, cómo este ingrediente previene la destrucción de las células de Langerhans por la radiación ultravioleta, lo que obviamente repercute en una piel más fuerte y sana, debido al rol que cumplen las células en cuestión.

Pero la ectoína tiene aún más funciones.

Por ejemplo, en situaciones de estrés –altas temperaturas, contacto con químicos, exposición a la radiación ultravioleta, entre otros posibles ejemplos– la piel produce determinados biopolímeros llamados proteínas de estrés o de heat shock (golpe de calor). Luego de un estudio, se comprobó que la piel tratada con ectoína acelera la producción de estas proteínas, lo que, dicho simplemente, significa que la piel está más capacitada para protegerse a sí misma, ya que su mecanismo autoinmune es más rápido y eficiente. En otra investigación, se midió el número de células de quemadura de sol –las cuales se forman tras una excesiva exposición a la radiación ultravioleta– que surgieron en pieles tratadas con un placebo y con ectoína, y sólo en estos segundos casos se notó una reducción en la producción de dichas células.

En esta nota, presentamos un ingrediente que protege contra el fotodaño y otros factores que son perjudiciales para la piel, como las altas temperaturas y la deshidratación.

Se encuentra en bacterias y puede incorporarse a una amplia gama de productos cosméticos, como cremas y lociones.

La ectoína ofrece protección contra los rayos ultravioletas, las altas temperaturas, las sustancias químicas, la deshidratación, las bacterias y los virus, entre otros factores de daño epidérmico.

 

 

 

 

 

Finalmente, la ectoína también sirve para defender a las membranas celulares ante la influencia de tensoactivos (o surfactantes, según un anglicismo de uso común).

Resumiendo, la ectoína ofrece protección contra los rayos ultravioletas, las altas temperaturas, las sustancias químicas, la deshidratación, las bacterias y los virus, entre otros factores de daño epidérmico.

Se trata de una tecnología patentada, natural y de gran pureza, que es aceptada en todos los mercados del mundo, incluso los de Europa y Estados Unidos, que son los más regulados.

Es soluble en agua, glicerina y propilenglicol.

Puede incorporarse fácilmente a cremas, lociones e hidrogeles, y es compatible con otras sustancias cosméticas. La concentración recomendada es entre 0,5 por ciento y 2 por ciento.

Puede usarse en productos de protección solar. No produce irritación ni sensibilidad en la piel o en los ojos.

 

  • Mejora el efecto barrera de la piel
  • Forma una pantalla de hidratación en torno a las células y les permite así mantener el índice de humedad necesario, lo que evita la deshidratación.
  • Su utilización debe estar asociada a otras medidas de fotoprotección.
  • La aplicación de ectoína al 1 por ciento durante 12 días aumenta la hidratación hasta un 200 por ciento. El efecto se mantiene hasta 7 días después de interrumpir la aplicación.